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miércoles, 15 de enero de 2014

Maldita maleta. Narraciones V

Aquí en este inmundo agujero, apartado de la sociedad, sin poder hablar con mi familia, recuerdo que todo empezó con aquella carta del banco:


Señor Admin Afdoufa:

Queda desahuciado del domicilio de la calle Bárbara, bloque nº 42, 3ºA. Si usted no abandona voluntariamente el inmueble en las próximas 72 horas, será necesario tomar medidas legales contra usted.

Atentamente, el Banco de España”



Aquella situación, me obligó a hacer una locura de la que me arrepiento y me arrepentiré toda mi vida. Hablé con un antiguo compañero de casa que tuve en Marruecos, Yuse Benedetti, un hombre robusto, bien vestido, ambicioso y muy acomodado en el mundo de los negocios, aunque nadie con certeza podía decir a lo que se dedicaba. Le expliqué las circunstancias tan difíciles en las que me encontraba y le pregunté si esto tenía alguna solución. Él me miró seriamente y me dijo:

- Tengo algo para ti.

Puso una maleta negra sobre la mesa y me indicó:

- Cógela, dentro del bolsillo exterior encontrarás un billete de avión hasta Colombia, mandaré a alguien que te recoja, lo único que debes hacer es intercambiar la maleta y volver. Cuando llegues obtendrás tu recompensa.

Me advirtió de que no la abriese, y eso hice. Fui a mi casa, me despedí, cogí lo imprescindible y emprendí mi viaje hasta el aeropuerto. Allí pasé los escáneres y chequeos con normalidad y tras doce horas de vuelo, pisé por fin Colombia.

Volví a pasar los controles de seguridad y me encaminé a la salida para encontrarme con aquel hombre que, supuestamente, me esperaba. Tras varias ojeadas, lo reconocí al lado de una columna metálica. Tenía un físico imponente... se notaba que había pertenecido en el pasado a un cuerpo militar por sus brazos como troncos de árboles, tatuajes con el símbolo ejército colombiano, rastas castañas, barba corta del mismo color que su pelo, gafas que solo permitían ver el reflejo y un tono de piel moreno caribeño. Vestía pantalones anchos con tapices de camuflaje sujetados por un cinturón de cuero negro, botas militares por las que se entreveía la empuñadura de una arma blanca y una camiseta negra ajustada. Tenía una expresión sería e insensible que daba miedo, aun así decidí avanzar hasta él, mientras notaba a mis espaldas las miradas punzantes de la gente que me rodeaba.

Mientras caminaba me estaba empezando a dar cuenta de lo extraña que era aquella situación y me preguntaba qué objeto tan importante contendría aquella maleta como para que no pudiese abrirla, también me preguntaba quién era aquel tipo salido de una película de acción y por qué debía yo entregarle la maleta, aquellas dudas me hicieron parar a medio camino para dar media vuelta, pero volví a pensar en mi familia, así que avancé hasta el hombre, me miró seriamente y me dijo “Dame la maleta con cuidado, no hagas gestos bruscos, coge esta maleta y vuelve sin mirar atrás”, y eso hice, pero antes de que me diese cuenta había más de un centenar de oficiales de policía del aeropuerto vestidos de paisano apuntándome con un revólver y miles de personas gritando y corriendo por todas partes, miré hacía la columna pero aquel extraño hombre había desaparecido, lo único que podía hacer era soltar la maleta y poner las manos en la nuca.

Uno de los policías trajo un gran perro que comenzó a olfatearme a mí y después a mi maleta, al terminar soltó un estruendoso ladrido y se sentó, aquel mismo oficial la abrió y la inspeccionó, sin embargo, sorprendentemente en su interior no había nada. Al instante con gran asombro vi a uno de los policías que me apuntaba sacar una navaja de debajo del cinturón y rajar la tela... ¡Aquella maleta poseía un doble fondo y contenía más de treinta kilos de heroína!

Comprendí que estaba perdido, Yuse Benedetti era un traficante y me la había jugado.

Los momentos que pasaron hasta que me trasladaron a la prisión más cercana, los recuerdo con poca nitidez ya que tenía mucho miedo y me encontraba en estado de shock, no podía creer que mi libertad acabase justo cuando entrase en las puertas de aquel inhóspito zulo.

Los años años han trascurrido muy lentos, a veces sin sitio donde dormir, ni comida, ni medicinas ni las condiciones mínimas de higiene, con miedo, frío y soledad...
Aquí en este inmundo agujero, apartado de la sociedad, sin poder hablar con mi familia, recuerdo como empezó todo y una pequeña luz de esperanza invade mi corazón al pensar que ya solo queda un año para volver a ver a mi familia.

ANA GONZÁLEZ, CARMEN HERNÁNDEZ, MIGUEL MAHÓN, FRAN MUÑOZ, ANDREA RODRÍGUEZ  


Caso en NY. Narraciones III





-Buenas tarde , Policía de Nueva York , me gustaría hacerle unas preguntas sobre la muerte de Loreto Fernández – dijo Rebeca.
-No hay problema ¿Le importa si le miro un ratito? Quiero recordar su cara para mis sueños – Dijo Tomás.
-Tomás González , usted era el novio de Loreto y el principal sospechoso de nuestra investigación , ¿tiene algo que decir en su defensa? - dijo ella.
-Sí , para ti desearte como yo te deseo es un delito , me declaro culpable – dijo él.
-El cuerpo ha sido hallado cerca de su casa , contiene fibras de su pelo y también sé que no eran una pareja feliz , ella le había engañado y me da la sensación de que usted ni es de la clase de personas que aceptan una humillación de ese tipo. ¿Podría decirme donde se encontraba entre las 8 y las 10 de la noche del sábado? - dijo Rebeca.
-Por supuesto , estaba en la fiesta de mi primo Carlos , en la doce con la séptima , cualquier asistente podrá constatarlo – aseguró Tomás.
-Nos volveremos a ver – concluyó la inspectora.
Raquel esta confusa , nunca antes le había pasado algo similar , nunca había dudado de la culpabilidad de un sospechoso pero con Tomás era distinto , era demasiado seductor , demasiado cariñoso , demasiado perfecto.
Tomás estaba satisfecho , sabía que había conseguido confundir y seducir a la inspectora , algo que él sabía que le sería de gran ayuda.
-Hola de nuevo , señor González – dijo la inspectora.
-Un placer , así puedo disfrutar de su compañía durante un rato más – dijo Tomás
-Hemos comprobado que su coartada es falsa cuando le hemos explicado a sus amigos de la fiesta lo que era obstrucción a la justicia nos han confirmado que usted desapareció del local entre las 8 y las 10 , que resulta ser la franja horaria de la muerte . También hemos encontrado el arma del crimen en una alcantarilla cerca de su casa y estaba marcada con sus huellas – dijo ella.
-De lo único que soy culpable es de quererte – dijo Tomás en un desesperado intento por salvarse.
-Tomás González queda detenido por el homicidio en primer grado de Loreto Fernández – concluyó la inspectora.
RAFAEL SILVA, LAURA LÓPEZ, JUAN CARLOS MÁRQUEZ, MARÍA REY, LAURA ROMERO

martes, 14 de enero de 2014

You'ar The Next. Narraciones II


Fuori!, Matteo Scordino



Empecé a abrir los ojos lentamente, y para mi sorpresa me encontré maniatada en una silla, con la boca tapada y varios cortes sobre la piel. Me sentía débil y mareada, no sabía lo que había pasado. Miré a mi alrededor, estaba en una sala oscura y tenebrosa, y en una esquina, un leve rayo de luz me dejó distinguir la silueta de la puerta de un sótano que parecía estar sellada. Era una puerta muy familiar, pero ya la había visto antes. De repente, supe donde la había visto, y poco a poco empecé a recordarlo todo.

Estábamos en frente de un edificio, era de noche y los lobos aullaban, nos preparábamos para entrar en este tétrico lugar e intentar resolver este crimen de hace 50 años que nos habían encomendado a los tres, ya que eramos los mejores investigadores del FBI. Un caso que la justicia dejó sin terminar: El caso de Yao Lynn, no deberíamos haberlo aceptado.

Nada más entrar, dedujimos que estábamos en un manicomio, solo hacía falta observar las habitaciones. Todas estaban ensangrentadas con esqueleto a cada paso que dábamos. Decidimos dar una vuelta para ver si encontrábamos algo de vital importancia, y nos dirigimos hacia la habitación que había en frente nuestra. Buscamos como buenos investigadores, pero no parecía haber nada, hasta que Nicolas Johnson encontró unos viejos y descompuestos documentos sobre los pacientes que habían sido tratado allí. Efectivamente, estaban escritos por Yao Lyn, el médico y psiquiatra que dirigía esta institución hace 50 años.

Fuimos a enseñárselo a Mohamed, pero antes de verle, se apagaron las luces de golpe. Se oyó un gran trueno, unos pasos acercándose... Volvió la luz y encontramos a Mohamed ahorcado y con una espada china en el corazón. Decidimos echar un vistazo para ver si había alguien más en la sala, y ante nosotros nos encontramos una terrorífica y gigantesca sombra blanca con intención de matarnos.

Salimos de la habitación en busca de un refugio, nos separamos y entré por una puerta que daba a un sótano. Espere a Nicolas, pero el no llegaba, así que cerré la puerta.

Allí era todo oscuridad, mire de reojo y distinguí una gran silueta blanca...

JOHAN ALVARADO, CLAUDIA ACOSTA, IRENE BAUTISTA, YAGO LABELLA, ZORAIDA BANDA


Diario de un "falso" culpable. Narraciones I

Os propuse un reto: escribir historias en grupo, pero sin total libertad. A unos os tocó incluir algún objeto en vuestra historia, a otro una frase. También os tuvistéis que adecuar a un género o una estructura. Aquí tenéis el resultado: finales inesperados, finales abiertos, flash back; historias de amor, de terror, policíacas, mezcla de géneros ...


Corrían los 50, ¡Qué buenos tiempos aquellos! Allá todavía no se me había caído el pelo, era tan joven…y tan necio….Mmmm….los 50.

Me había peleado con mi preciosa novia, Paula y habíamos decidido darnos un tiempo, pero mi vida no tenía sentido sin ella, así que me armé de valor y me dispuse a quedar con ella y reconciliarnos.

Nuestra cita era en un hermoso mirador en la cima de la montaña, estaba impaciente por verla pero… Nunca me lo perdonaré, pues llegué tarde, media hora tarde y encima no tuve la cortesía de recogerla. Fui un desconsiderado. A cualquier persona a la que le cuente esta historia le puedo parecer melodramático, pero los cincuenta eran los cincuenta y esos pequeños detalles eran muy importantes.

Cuando llegué a la cita me encontré a Paula con un policía, el mismo que me había multado varias veces por exceso de velocidad ¡Qué manía le tenía! Pero por eso no lo consideraba… no lo consideraba…capaz…de…Y sonó el disparo. Nunca supe el motivo ni lo sabré, pero Paula fue asesinada.

Me fui a mi casa corriendo, asustado, quizás el asesino me habría visto y me estaba buscando. Litros de lágrimas brotaban de mis ojos y me emborronaban la visión. Pero al fin llegué. Cuando me tranquilicé llamé al juzgado y denuncié. Sin embargo mi suerte…empeoró. Me tomaron como el sospechoso principal.

Durante el interrogatorio, me hicieron muchas preguntas acerca de horarios, fechas y datos muy precisos que me hicieron contradecirme a mí mismo. Tanto, que me volví loco. Ya no sabía en qué creer, incluso yo mismo dudaba de mi inocencia en ocasiones. Pero intenté disimular esos pensamientos confusos a la agente que me interrogaba. Su mirada era indescifrable, no era capaz de ver en sus ojos si yo le había transmitido esos pensamientos, si me estaba creyendo….nada. Su mirada era más bien una mezcla de, “qué ingenuo eres” y al mismo tiempo de interés.

Lo único que sé es que el resultado final fue que me dieron la oportunidad de volver a la escena del crimen. Los coches patrulla no eran lo suficientemente rápidos para mí, pues estaba nervioso, impaciente e inseguro de mí mismo. ¿Yo era un psicópata realmente? Mi mente dejó de pensar en esas cosas, se tranquilizó y dijo “yo soy más fuerte que las técnicas de confusión de la policía”. Me di cuenta de que lo único que necesitaba era seguridad y valentía para enfrentarme a todas las pruebas.

Cuando llegamos al mirador me hicieron quedarme en la posición y en el lugar en los que yo decía haber estado. Mientras tanto, investigaron cada milímetro de tierra removida, cada huella dactilar, cada gota de sangre…y lo más sorprendente fue que el cadáver seguía allí. No tenía más que una herida, un tiro limpio.

Después de semejante sorpresa me dejaron identificar a mí mismo las pruebas e intentar relacionarlas. Yo le dediqué más tiempo a cada prueba que la policía, lo que me ayudó a hallar un elemento clave, una pistola. La señalé y los policías vinieron ipso factos a verla. Encontraron una huella dactilar en el arma, la mía.

ANA CASADO SÁNCHEZ, PAULA LINARES CAMPAÑA, JAVIER QUILES OÑATE, SERGIO SÁNCHEZ BERNABÉ, DANIEL SUERO ABREU 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Solo en el mar

Tras la lectura en clase de un fragmento de Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, os propuse continuar la historia. Aquí podéis leer algunos de los interesantes finales que habéis escrito.
No podía pegar ojo, pues el frío era insoportable así que me dediqué a mirar las constelaciones. A las nueve de la noche vi una estrella que salía del horizonte, era una estrella muy rara, pues se movía y tenía luces verdes y rojas. Cada hora salía una estrella del mismo horizonte. A las once, miré fijamente hacia el lugar de donde partían las estrellas, pude ver difícilmente unas pequeñas luces blancas. Y también pude ver, de nuevo, las estrellas de colores. El corazón se me puso a latir fuertemente, pues tenía la esperanza de que aquello fuera la ciudad de Cartagena. Me di cuenta de que me acercaba lentamente, pero sin pausa, hacia esa ciudad de ensueño, la marea me llevaba hacia ella. No dormí en toda la noche por si la marea decidía cambiar el rumbo.

La noche estaba desapareciendo y el sol empezó a resplandecer sobre el cielo azul. Empecé a impacientarme, pues, al ser de día, podía ver con más claridad las formas de las casas de Cartagena. Mi corazón se llenó de alegría al ver que mi orientación era correcta. Ya no me importaba lo fría que estaba el agua, sino llegar a mi destino, así que decidí sacar las manos de la balsa y ponerme a remar.
Ya eran las doce de la mañana y mis brazos se estaban cansando, pero no perdí mis esperanzas y seguí remando, estaba planeando ya toda una vida al llegar a tierra. Había transcurrido  una hora remando, estaba  cada vez más cerca de la costa, podía ver a las personas jugando con la arena y bañándose en el mar. Vi poca distancia de donde me encontraba hasta donde estaban ellos, así que me lancé al agua y me olvidé de la balsa, empecé a nadar, nadar y, luchando con las olas, llegué a tierra. Lo primero que hice fue pisar la suave y cálida arena, me tire a ella sin dudarlo un segundo. Sin duda, no estaba en un sueño, había llegado a Cartagena, la ciudad que tanto deseaba.

MARÍA TORNERO URBANO
Tras unas largas y eternas horas de frío y miedo, conseguí conciliar un poco de sueño, lo que me bastó para entrar en una pesadilla en la que recordaba aquella ola gigante que arrastró el barco contra una isla rocosa e hizo el barco trizas.
Tras soñar como me burlaba de la muerte, una fuerte ola me despertó y, tal como me levanté, empecé a examinar el paisaje en busca de vida. Tenía hambre y estaba confuso, pronto perdería las pocas fuerzas que me quedaban y caería muerto, deshidratado por el sol.
Empecé a mirar hacia el horizonte y luego al cielo, pero nada. Ya pensé que estaba perdido, que moriría, pero, cuando me tumbe, observé unas pequeñas luces verdes que pasaban y que cada vez estaba más cerca."¡ Un avión!", dije con mis pocas fuerzas; rápidamente observé la trayectoria hacia donde iba y, tras perderlo de vista, continué por la misma ruta que había seguido el avión remando con las manos.
Tras una larga jornada remando, paré de remar debido al cansancio y, a lo lejos, divisé tierra...

JAVIER SÁNCHEZ MEJÍAS

Por fin después, de tantas horas mirando al cielo las vi, eran las luces más bonitas y deslumbrantes que había visto en mi vida, pero no tenía tiempo para fantasear pues el avión podría pasar sin verme. Al principio no sabía que hacer, estaba confuso, qué podía hacer yo para que un avión que volaba a tantos km del cielo me viera a mi en medio de toda la espesura. Estaba desolado, no sabía que hacer. En un principio probé a hacer elevados ruidos con la boca, pero sin resultado . Tras uno segundos pensando, se me ocurrió que podía quitarme la camiseta; empecé a agitarla y a gritar al mismo tiempo, pero nada. Estaba a punto de llorar, puede que mi única oportunidad estuviera pasando ante mis ojos. Miré de reojo el reloj, las ocho y diez, y de repente caí. "Ese reloj podría ser mi salvación", pensé. Ese reloj me lo regaló una tía abuela mía, de estas que ves dos o tres veces en toda tu vida, y la última vez que la vi tendría unos siete años. Me encantaba una serie de espías y ella me regaló este reloj con un supuesto sistema de ultrasonidos que se captaba a hasta unos 4000 km de altura, yo nunca me lo creí, pero por probar no pasaba nada. Y allí me quedé viendo pasar el avión, viendo esfumarse tal vez mi única oportunidad de sobrevivir, como cenizas al viento. A las dos horas me recogió mi tía abuela en un helicóptero de la C.I.A. ¡Resulta que mi tía abuela es una super agente de la C.I.A!
MARÍA REY DOMENECH

Me estaba durmiendo, cuando casi vuelco y me caigo al mar por culpa de una ola. Mire al cielo y me di cuenta de que un avión estaba muy cerca e intente avisarlo, pero nada no me veía.

Una ola chocó con la balsa y me tiró, y me di un golpe con una caja donde había un cuchillo y una pistola de bengalas y me alegre mucho. De repente, vi tierra y fui con los remos hasta esa isla. 
Cuando llegué todo era perfecto había muchos árboles y frutas. Bebí agua y me bañe, luego comí, por la noche me fui a dormir, pero me di cuenta que los suricatos huían a los árboles y el agua del lago y unas plantas de los árboles brillaban. Entonces me di cuenta de que era una isla carnívora, ya que todo mi alrededor se estaba muriendo, y tuve mucho miedo. 

JOHAN ALVARADO REYES


Como no podía dormirme, ya que temía que algún animal marino me atacara, me puse a contemplar las estrellas. Entre las brillantes estrellas aparecieron otros destellos que se movían. Era un avión.

Aunque mi mente me decía que era imposible llamar su atención, mi corazón me decía lo contrario. Di los gritos más potentes que pude afónico pero no funcionó.

Me quedé dormido y cuando desperté estaba en una isla desierta. Cuando llegué besé el suelo y me puse a construir una estructura enorme con ramas de árboles entrelazadas con hojas de palmera y por la noche, cuando viese un avión, la haría arder. Pero para eso todavía quedaba así que me puse manos a la obra y dejé de hacerme ilusiones.

Cuando la termine, esperé y esperé... Hasta que pasó un helicóptero y al no estar atento se me olvidó incendiar mi construcción y me quedé allí. Esperé una semana pero no pasó ninguno y del mismo modo transcurrió un año, durante el cual si se cruzó alguno no me di cuenta pues estuve ocupado. Me he hecho amigo de un coco con una carita, que le pinté con sangre, que me da conversación y también me he hecho amigo de un primate, al que un día le curé una herida, que me trae fruta de la isla.

Mi estructura sigue allí pero esta nueva vida me gusta y si algún avión pasara, no sé si lo intentaría. Aquí lo tengo todo: un chalet con vistas al mar y una isla para mí sólo. Mucho mejor que mi trabajo de camarero a tiempo parcial con mi exigente y egocéntrico jefe.

ANA CASADO SÁNCHEZ 2º C

Estuve como otra hora más, esperando aviones o cualquier oportunidad para salir de allí, la balsa se hundía más y más, menos mal que no hice caso al instructor, o estaría muerto. Sentía que no iba a aguantar mucho más. Estaba exhausto, hambriento y sediento. Entonces las vi, luces rojas y verdes intermitentes, era mi salvación. Impulsado por mis instintos intenté quemar la balsa, ya que pensé que si quemase la ropa, como dijo el instructor, y no me viesen, moriría de hipotermia.
Al quemarla no salió como yo pensaba, empecé a hundirme a gran velocidad, en aquellos momentos el agua estaba helada y notaba como el dolor iba entrando lentamente en mi cuerpo. Vi como bajaba el avión de rescate a por mí, pero yo ya corría peligro de muerte, la balsa era una sola pieza de plástico quemándose sobre el mar.

Tuve que nadar algo más que diez metros, pero por culpa del frío perdí la movilidad de una pierna, y todavía no la he recuperado. Hasta llegar al avión fue el minuto más largo de mi vida.

De camino a mi ciudad, seguí viendo aquella llama que desaparecía poco a poco y que había sido mi refugio durante más de nueve horas, las más terroríficas de mi vida.

YAGO LABELLA RIVAS 2º C

 Estaba medio dormido pero las luces de un avión que iba a despegar me despertaron. Hacia un frío aterrador y no podía contenerme en tiritar. Ya que los remos se habían caído, me sumergí en la fría agua, era de noche y ahora estaba caliente. Me fui acercando y me di cuenta de que era un faro. Empecé a mover mis piernas para llegar al faro, tenía un poco de miedo, pues en cualquier momento me podía quedar sin ella… Después de un largo rato no sentía mis piernas, estaba muy cansado. Antes de llegar al faro había unas rocas que impedían avanzar, tras escalarlas una roca me hice un corte y empecé a sangrar. Ya que dicen que el agua del mar sana las heridas, me metí como si nada y empecé a nadar esa pequeña distancia que me quedaba para llegar a tierra. Esa agua no era como la de antes, pensaba era fría y enseguida comencé a tener frío de nuevo. Ya tocaba pie. Estaba tan contento que toqué algo sin querer pero no le eché cuenta. Ya llegaba, iba a salir y… ¡ZAAAS!
ISABEL BAUTISTA 2º C 

domingo, 23 de junio de 2013

Cuéntame un cuento... X





Aún recuerdo cuando estaba dormida. Cuando sentí ese dulce beso en los labios que me despertó de aquel eterno sueño. Abrí los ojos lentamente, temblando de la emoción, y lo vi a él, a mi príncipe, que venía a rescatarme y a hacerme su mujer.
Bajamos las escaleras emocionados, dejando atrás tantos años de sueños. La luz me deslumbraba, hacía tanto que no la veía. En frente de la torre había un carruaje con hermosos caballos blancos esperándonos. Unos meses después de la boda, tuvimos a nuestra primera hija, Laura.  Todo era perfecto, después de tres años maravillosos de matrimonio teníamos dos hijas y un maravilloso castillo.
Hasta que apareció él. No lo veía desde hacía años, pero ahí estaba, enfrente de mí,  sin pronunciar ni una palabra. Era Raúl, mi mejor amigo de la infancia. Aún recuerdo aquellas risas juntos. Enseguida vino mi marido, y nos presentó. El venía a pintar la habitación de las niñas y a arreglar la fuente de oro. Enseguida pensé:  "Tiene que ser mío". Tras tontear durante varias semanas decidimos escaparnos los dos juntos.
Esos tres meses a su lado, viviendo en la calle, fueron mágicos. Pero echaba de menos a mis niñas. Entonces decidimos escribir una carta:

Querida familia:

Soy mamá. Quería deciros que estoy bien, tan solo me voy a vivir a Australia con Raúl. Cuidar de los caballos y no comer muchos dulces. Es quiero, Mamá.
Enviamos la carta y emprendimos el camino hacia una nueva vida.

CLAUDIA MORGAL, DANIEL REYES, FÁTIMA TORRES

miércoles, 12 de junio de 2013

Cuéntame un cuento ... IX



Diseño de Louboutin para Cenicienta
 
 
La Cenicienta que no quería comer perdices
La cenicienta tenía tantas tantas ganas de ir a la fiesta que finalmente lo consiguió. Pero se puso tan ansiosa que a la mañana siguiente no se acordaba de nada. Pero ahí estaban esos dos señores, con el zapato de cristal de tacón de palmo y de punta esperando para que se lo probara. Al principio no le cabía el pie pero apretó y apretó hasta que le cupo.
 
¡Porque se tuvo que casar con el príncipe! Al príncipe le encantaba las perdices,pero la cenicienta era vegetariana, no comía ni carne, ni pescado, ni llevaba chupa de cuero, aún así tenía que cocinar las perdices porque era la comida preferida del príncipe. "¡Están frías, crudas, malas!" Gritaba el príncipe malhumorado,porque nunca cocinaba las perdices a su gusto. Y lo peor: ¡Tenía que ir subida en los zapatos de cristal!La cenicienta cada vez se encontraba peor.
 
Un día decidió contarlo. ¡Que rollo de príncipe,y de zapatos y de perdices! Ella se fue del palacio.Sólo tenía a su príncipe "amado", la espalda torcida, los pies chafados y el corazón roto.Tuvo suerte de verse, en la perdicería,y le dio por reírse de si misma, de lo inocente que había sido pensando que un príncipe la salvaría. Después de años viviendo con uno, se había dado cuenta de que los príncipes no te salvan... Dejó de sentirse culpable, se perdonó y se dio cuenta que la única capaz de salvarla era ella misma.
 
Ella abrió un restaurante - cabaret vegetariano, que triunfó, donde además de hacer de comer, no paraban de bailar. Y por fin,este cuento acabó con un fin.
 
ISABEL BAUTISTA, ANA GONZÁLEZ, CLAUDIA LAMONEDA, RAFAEL SILVA

Cuéntame un cuento ... VIII


 
El huracán
 
Érase una vez tres hombres llamados  Daniel , Mario  y Peter que se iban a independizar y construir sus propias casas. Daniel que quería ahorrar dinero en la construcción de la casa  compró materiales de poca calidad , Mario que no tenía ganas de ir a comprar los materiales utilizó unos  viejos y  Peter se preocupó y construyó su casa con buenos y nuevos  materiales.
Unos días más tarde después de que se construyeran las casas de los hermanos en la predicción meteorológica decía que un huracán iba a arrasar las zonas por las que pasara.  Primero iría por la ciudad de Daniel, luego por la de Daniel y por último Peter.
Al pasar por la casa de Daniel el huracán la destruyó y tuvo que refugiarse en casa de Mario, pero el huracán al pasar por allí también la destruyó; entonces los dos corrieron a casa de Peter y esta, al estar construida con buenos materiales, resistió y los hermanos sobrevivieron. Esto les enseñó una lección a los dos hermanos, que no para acabar antes o ahorrar dinero hay que hacer mal las cosas.
MARÍA MORGAL, JAVIER QUILES, MARIO SENA, DANIEL SUERO



martes, 11 de junio de 2013

Cuéntame un cuento ... VII


El vikingo y la bestia

Había una vez, un alto y apuesto joven de cortantes navajas de un azul metalizado por ojos, llamado Harek . Este muchacho vivía en un poblado vikingo y era un torpe, afable y cariñoso chaval del que se burlaban por su falta de masa corporal. Además, tenía muchas buenas ideas para inventos innovadores que la gente despreciaba.

Un día, estaba siendo apaleado por los otros chavales, pero el golpe más duro para él fue que su hermano se unió a la refriega. Su padre siempre se avergonzaba de él y elogiaba a su hermano que era el orgullo de la siguiente generación, según todos los vikingos de su poblado incluido el jefe. El joven pensaba que su hermano lo quería a pesar de las diferencias, no podía asimilar lo que ocurría.

Como él se veía muerto, tuvo una idea que fue intentar hacerse con las cuerdas que guardaba en su bolsillo y atarles los pies unos con otros para que, cuando le fueran a dar otra patada ,los unos tiraran de los otros y se cayeran. De este modo Harek correría hasta los establos donde se haría con un caballo con el que iría adonde el destino lo llevara. Se decía que cualquier lugar era mejor que su horrible aldea donde sólo había lugar para un tipo de hombres.

Toda la trama que ideó en tan sólo un minuto, la llevó a la práctica y casi sin darse cuenta ya estaba a lomos de un corcel de guerra, que a pesar de ser más lento que uno normal le valía. Su trayectoria lo dejó en un castillo muy siniestro en el que decidió resguardarse, parecía estar abandonado.

Sin embargo, notaba cierto movimiento en el ambiente que parecía ser de los muebles. Aunque claro, eso serían imaginaciones suyas creadas por el cansancio. Al despertarse, se encontró en una celda con una especie de loba observándolo desde fuera. Ella le dijo: "Tienes tres opciones: la muerte, la desesperación o ser mi amigo". Harek asustado accedió a la última. Pensó que, a lo mejor, siendo amigo de la bestia podría descubrir la historia del extraño castillo y el ser que lo habitaba. Aunque ella era maleducada, impulsiva  y huraña, no tenía otra posibilidad.
 
Así pasaron los meses hasta que ella le comentó:

-Ya te habrás dado cuenta de que los muebles tienen vida propia.

Él sorprendido le respondió:
 
 -Sí, lo cierto es que sí.

La bestia lo agarró del brazo y lo llevó a una habitación del castillo a la que nunca había entrado, pues temía que su propietaria lo descubriese y lo matara.

Ella le contó su historia:
 
Cuando tenía 15 años, hace ya casi 6 años, llegó a este castillo una repugnante señora pidiendo cobijo a cambio de una rosa. Como yo era tan estúpida le cerré la puerta y del mismo modo, me ofreció otra oportunidad que desaproveché nuevamente. Me miró con desprecio y me dijo que era una mala persona y que la belleza estaba en el interior. En ese instante se transformó en una hermosa hechicero y me maldijo a mí, transformándome a semejanza de mi interior, y a mis súbitos en muebles sin ninguna culpa. En ese momento creo que algo en mí despertó y sentí empatía. La hechicera me dio la rosa y me dijo:

- Si antes de los 21 años consigues amar a alguien de puro corazón y que esa persona te corresponda, la rosa ejercerá un poder mágico que anulará la maldición. En caso de que no sea así, esta será la forma con la que pasaréis el resto de vuestras vidas. A la rosa se le van a ir cayendo pétalos conforme crezcas y el día que cumplas 21, el último caerá y su magia ya no funcionará.-Y añadió - Por eso te he traído aquí.

Harek confuso subió a su habitación porque tenía que reflexionar y entender la historia.
 
De nuevo pasó el tiempo, sin saber por qué su corazón palpitaba cuando la veía. Lo cierto era que estaba cambiando, ahora era otra persona, no esa horrible bestia. Pero ese tiempo en sus vidas tan bello duró poco, los vikingos habían seguido su rastro y lo iban a castigar por no portarse como un hombre y huir. Cuando vieron a la bestia intentaron darle caza y ésta, que se había convertido en una buena persona, se dejó sin luchar.

En ese momento, Harek adquirió su valor vikingo y expulsó a los agresores. La bestia le pidió que se acercara a ella que tenía que decirle una cosa muy importante. Ella le confesó que era su cumpleaños y que el pétalo de la rosa estaba por caer. Pero ya no le importaba, pues estaba gravemente herida y había conseguido su objetivo, amar. Ella lo amaba y el muchacho no sabía que decir, solamente qué hacer, la besó. Justo en ese momento el pétalo cayó y al magia no funcionó para ella pero sí para los súbitos. O al menos eso pensaba, pues aunque no se había convertido en humana, ya no estaba herida.

A Harek le daba igual su aspecto, la quería tal como era. Ella era una bestia con mente de humana y él era un vikingo sin corpulencia. De lo que uno carecía es de lo que le sobraba al otro, se complementaban. Así que se casaron a pesar de pertenecer a mundos diferentes y su amor perduró para siempre. De este modo, vivieron felices y comieron perdices .

ANA CASADO, LUCÍA GUIJARRO, PAULA LINARES, JOSÉ CARLOS LÓPEZ 

Cuentame un cuento... VI

 
La verdadera historia de los tres cerditos
 
Érase una vez tres cerditos que vivían en el campo con su madre, pero un día se tuvieron que marchar porque eran ya lo suficientemente mayores para poder vivir por sí mismos. Su madre les recomendó que se hicieran sus propias casas, pero como eran muy flojos,  decidieron irse a vivir a una granja. Encontraron una que les pareció perfecta para ellos y además,  allí pasaban desapercibidos  porque habían muchos cerdos y otros animales de granja.  Allí vivían felices porque no tenían ningún tipo de obligación, así que, podían estar todo el tiempo revolcándose por el barro y gastando bromas pesadas a sus compañeros.
Un día, un pavo que estaba cansado de sus bromas les dijo que pronto llegaría la Navidad  y ellos se pusieron muy contentos porque recordaban las felices fiestas que celebraban con su familia. El pavo se quedó perplejo al verlos y pensó que los tres cerditos no debían ser muy inteligentes.
A los pocos días, apareció por la granja un camión que anunciaba productos de Navidad. En él se veían fotos de cerdos  y de toda clase de embutidos. Del camión se bajó un lobo que se puso a inspeccionar a los cerdos para escoger a los que estaban más gordos. 
El pavo, con la idea de que no se lo llevaran a él para acabar siendo la cena de Navidad de alguna familia, quiso hacerse amigo del  lobo y le dijo que acababan de llegar tres hermosos cerdos de pata negra. A los tres cerditos les dijo que,  como habían sido tan simpáticos con todos los animales, les había tocado la excursión que se hacía en la granja todos los años por estas fechas.
El camión se puso en marcha con los cerditos dentro. Ellos se abrazaban y gritaban muy satisfechos  pensando que habían tenido mucha suerte.
 
LAURA LÓPEZ, JUAN CARLOS MÁRQUEZ, LAURA ROMERO, SERGIO MUÑOZ