Mostrando entradas con la etiqueta Día de Andalucía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Día de Andalucía. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de marzo de 2014

Concurso literario Día de Andalucía. Poesía




La hora mágica


Atardecer  brillante,
Camino de Sanlúcar,
Camino por delante.

(El sol desciende
hacia el fondo del mar)

(Deja el cielo iluminado
con color adulzado.)

El mar toma su azul profundo…
El azul se trueca en negro,
el negro en infinidad,
y la infinidad en soledad…

Atardecer  brillante,
Camino de Sanlúcar,
Camino por delante.

Inspirado en Emilio Prados, “La hora mágica”

ALICIA GIL  CASERO

Corre Ixchel Corre !, Iván David Gómez Arce

NO MIRES ATRÁS

De prisa, de prisa:
lo que ya se vio, no lo mires.
Tenemos nuevos, nuevos momentos,
momentos felices.
¡De prisa!, ¡de prisa!,
Lo pasado no importa,
tenemos nuevos, nuevos momentos,
momentos felices.

!Aprisa!, ¡aprisa!.
No pares,
Olvida lo de antes,
!Aprisa!,
porque, tenemos nuevos, nuevos momentos,
momentos felices.



Inspirado en "Impulso", de José Moreno Villa.

ANA GONZÁLEZ SUERO

Don olivo, Zorca Ostojic Espinoza

LOS OCHO SECRETOS DE LA TIERRA

Lucía caminaba por la playa,
un brillo intenso la  dejó sorprendida
encontró un trozo de plata,
 que guardó en su mochila.
Continuó el camino y las olas
 le trajeron una botella de cristal,
cuando miró en su interior
solo encontró luz y sal.
Se tumbó cansada con los brazos en cruz,
 atrapando con sus manos puñados de arena,  seca y caliente.
Atardecía cuando una brisa helada movió sus cabellos,
respiró profundamente...
 llenó sus pulmones del frío viento.
Mientras se escondía el Sol, con sus rayos de oro,
 decidió alejarse de la playa,
y por el sendero olió el perfume de las flores
 que en mayo brotaban.
Llegando a casa oyó la voz de su madre:
 “¡Anda Lucía! es tarde,
 entra en casa.”
Ya en su habitación Lucía se sentó en la cama
y entonces sintió como una rama
 de olivo golpea la ventana.
Poco a poco se quedó dormida,
 reteniendo en su memoria
la luz y la sal, el sol, el oro, la plata,
la arena, el viento helado, el olivo
y las flores de primavera.
La luz se fue a la costa de Huelva.
El sol inundó la de Málaga.
La plata tiñó, en Cádiz la bahía.
El oro vistió Sevilla.
La arena llenó el desierto de Almería.
El viento helado sopló en la sierra de Granada.
Las flores y las cruces adornaron Córdoba.
Y la rama de olivo brotó en Jaén.


ANDREA RODRÍGUEZ PÉREZ


Eddy Milfot

Triste y alegre
es mi dulce hogar,
alegre mi casa
y triste el mar.
Cuando tu te vayas 
triste me vas a dejar
yo seré una paloma
que vuela al mar.
Cuando tu te vayas
triste me vas a dejar
llorando por la ventana
mirando triste al mar.
Cuando tu te vayas
triste me vas a dejar
seré una paloma alegre
que ha Málaga ha de llegar.

Inspirado en "Canción del gris al morado" de José Moreno Villa


LAURA LÓPEZ MORA


Palmera,


Entre el Sol y la Tierra
miras con mucho fulgor
Rosa viva del cielo
mi pequeño corazón.

Te da aire de princesa
la forma de vivir que llevas
y evocas ternura
a todo el que te vea

Eres junto a los ángeles
la persona más bella
que desprende alegría y coraje
de los cielos.

Y que vivan en la corteza
bajo sus pies descalzos
un grupo de enamorados
para siempre.

Inspirado en Federico García Lorca, "Palmera"


JAVIER SÁNCHEZ MEJÍAS

Concurso literario Día de Andalucía. Relatos

De nuevo, lugares emblemáticos y personajes andaluces os han inspirados. Enhorabuena a nuestras ganadoras, Ana Casado y María Tornero

Puerta de Monaíta, Rocío Fernández Izquierdo
En la corte nazarí de Granada, en los tiempos del Sultán Muhammad V, visitaba la ciudad un médico que tenía el encargo de tratar los problemas de asma del monarca.

Mahdi, que así se llamaba el médico, se encontraba en la estancia que el rey le había asignado en el palacio de Comares dentro del recinto de la Alhambra, preparando el jarabe necesario, cuando se dio cuenta que no tenía suficiente cantidad del componente principal, el romero.

Salió hacia el Albaizín por la Puerta de las Armas, atravesó el río Darro, y preguntó a una mujer donde podía comprarlo. Ella le dirigió a la casa de Aaminah (que significa “Dama de paz y armonía”) quien comerciaba con plantas medicinales. Cuando llegó allí se encontró con una chica morena de grandes ojos y sonrisa cálida. Mahdi se quedó prendado de ella. Le preguntó cómo se llamaba: Maryam era su nombre.

De vuelta al palacio preparó la medicina para el rey y le indicó el tratamiento. Pero avanzó el día, y mientras caminaba por el Patio de los Arrayanes no dejaba de pensar en aquella muchacha. A la mañana siguiente volvió a la tienda pero ella no estaba. La dependienta, su madre, le propuso que la visitara nuevamente por la tarde porque posiblemente su hija estaría allí.

Y así lo hizo. Se encontró nuevamente con la joven y conversaron. Al día siguiente repitió la visita y también en los posteriores. Pasearon juntos por las estrechas y empinadas calles del Albaicín, junto a las tiendas de artesanos y casas de nobles. Recorrió la muralla Zirí hasta la puerta de Monaita y bajó a la carrera del Darro para visitar los baños árabes del Bañuelo.

En uno de esos días Maryam guio a Mahdi hasta la vivienda de un familiar en la zona alta del barrio, una casa abierta con jardines interiores pero muros altos que la reservaban del exterior, desde donde disfrutaron, con mayor intimidad, de espléndidas vistas de la Alhambra y de buenos ratos de compañía.

El tiempo pasaba casi sin darse cuenta hasta que un día el sultán lo mando llamar. Acababa de completar la construcción del Palacio de Los Leones pero estaba muy preocupado porque su hijo Yuzuf había caído herido en la conquista de Algeciras a los cristianos. Estaba grave y posiblemente no aguantara el viaje, así que le pidió acudiera a socorrerle. El médico obedeció pero pidió poder despedirse de la muchacha.

Y así lo hizo. Fue una despedida corta, pero él le prometió volver. Desgraciadamente no fue así. Fue preso por los castellanos del rey Enrique II quién lo incorporó como médico en su corte. Mahdi nunca olvidó a su bella Maryam.

MARÍA TORNERO URBANO

Atardecer desde la caravela Santa María, Jorge Carabia
11 de octubre de 1492

Hemos pasado semanas, meses para ser más exactos, en una larga travesía con el fin de llegar a La India. Puedo observar en los rostros de mis compañeros, la desesperación. Me da la impresión de que están desesperanzados porque después de tanto tiempo en el mar no hemos conseguido nuestro objetivo y nos estamos quedando sin suministros. No tenemos ni siquiera cebos para las cañas de pescar y las redes están descosidas, por no hablar del problema con el agua.

Lo peor de todo no es el hecho de que nos muramos de hambre y sed, sino es la actitud de nuestro capitán Martín Alonso, Dios no quiera que no lea mi diario de abordo. El capitán se pasa las horas en su camarote “jugando” con un compás y un mapamundi de grotescas dimensiones.

Veo que alguien tiene que actuar, que alguien tiene que tratar de buscar una solución y que si nadie cae en la cuenta de ello, voy a tener que ser yo. La verdad es que es lo menos que puedo hacer por estos pobres marineros sin rumbo, porque durante un tiempo he sentido que son mi salvación. Me han dado la posibilidad de tener un futuro brillante y una vida nueva. Eso es lo que pienso de ellos porque mi vida no ha sido del todo “fácil” antes de conocerlos.

Yo vivía con mi padre, un morisco, al que quería con locura. Sin embargo, su cultura era su cultura y a veces no podía evitar rendirle culto a Alá, cosa que siempre le dije que no hiciera pero no me escuchó. Así que cuando yo no tenía más que 11 años, fue condenado por la Inquisición a morir en la hoguera. Tras mi desgracia…mi vida sí que ha sido una desgracia. Viví con otra familia que me usaba de criado y, cuando alcancé una edad, me escapé y me entregué al mundo.

Cuando intenté alistarme para este  viaje, di por imposible la posibilidad de que me aceptaran cuando me dijeron que era un joven fuerte, entusiasta y con unas cualidades para afrontar las adversidades, y que por tanto era perfecto para formar parte de la tripulación. Entusiasmado emprendí el viaje, intimé con mis compañeros y...bueno, ¡Aquí me encuentro!

Así pues esta larga travesía me da una familia, me hace volver a amar a la vida y despierta algo en mí que nunca estuvo ahí. Voy a hablar con toda la tripulación, voy a darles esperanzas, y aunque nuestras vidas estén en manos del destino, voy a devolverles el favor que ellos me hicieron a mí.

A medianoche, cuando nos vamos a acostar, les digo que me escuchen, que me presten algo de tiempo de sus vidas y no sé ni cómo pero acceden a oírme. No tengo nada preparado así que pronuncio unas pobres palabras, que no componen un discurso inspirador, pero pienso que es justo lo que las hace fuertes. Las simples palabras de un compañero tan perdido como los demás. Termino de hablar y me parece que todos están de acuerdo con la idea principal que quería transmitir, la paciencia.

Tras este emotivo momento me asomo a la ventana de nuestro camarote porque escucho llover, y en la oscuridad puedo ver a unos pocos metros el continente. A pesar de la hora que es no puedo evitar gritar a pleno pulmón: “¡Tierra a la vista!”

ANA CASADO SÁNCHEZ



Yo, yo y solamente yo estuve aquel día en esa fosa de Alcafar. Nunca nadie me creyó pensaba que estaba loco , que me lo había inventado , que tenía problemas mentales y  que todo era fruto de mi imaginación. Pero yo sé que no, yo sé lo que vi, que realmente sucedió y que no me lo había inventado.

Estoy en el final de mis días y por ello escribo aquí la historia que me ha quitado el sueño toda mi vida , con la esperanza de que alguien la lea y me crea.

Tenía 23 años cuando estaba perdido en mitad de la nada , exhausto de tanto caminar y de repente me pareció ver copas de árboles , podrían ser producto de mi imaginación debido al cansancio, pero podrían no serlo . Me acerqué cautelosamente a la fosa ya que parecía tener dueño , las hojas estaban perfectamente verdes y los árboles desnudos recientemente recolectados . Andaba cuidadosamente cuando un ruido ensordecedor hizo que me sobresaltara , un disparo . Me escondí tras el arbusto y observé la situación. Habían hombres armados y encañonando a un hombre que yacía en el suelo . Era un fusilamiento. Junto a él, otros dos permanecían de pie. Pude reconocer a Federico . Llegados a este punto el terror me impedía moverme por lo que seguí mirando. Cuando llegó su turno cargaron las escopetas , le ofrecieron una venda a Federico, para no ver su muerte. Según el protocolo dos de los hombres debían vigilar los alrededores en busca de héroes que intentaran salvarle. Aprovechando la situación, Federico forcejeó con el hombre pero el arma se disparó . Acto seguido salió huyendo antes de que los otros hombre regresaran. Cuando sus compañeros regresaron se encontraron al hombre muerto en el suelo y sin ninguna pista del paradero de Federico. Cayeron presos del pánico, este error podría costarles muchos, tanto como para ocupar la posición de Federico. Pusieron el cadáver en la fosa y le hicieron pasar por Federico.

Unos meses más tarde llegaron historias a mis oídos sobre la muerte de Federico, todas falsas. Fui corriendo a la guardia civil pero como cabía de esperar no me creyeron, ni ellos, ni nadie a quien le he contado esta historia. Por ello escribo este relato, esperando que alguien se apiade del alma de un pobre anciano y cumpla su deseo de hacer salir a la luz la verdad. 

MARÍA REY DOMENECH



Nací en una hermosa ciudad llamada Sevilla, a orillas del río Guadalquivir. Me parece que en 1989, pero ya no lo logro recordar bien las fechas; algo muy normal entre los puentes, y eso que yo soy de los más jóvenes.

El Guadalquivir es un río muy importante, con el que convivo a diario. Veo pasar barcos y piraguas por él cada día.

Siempre he estado rodeado de muchos monumentos históricos, a los que vienen a visitar muchos turistas. Allí a lo lejos está la Giralda, junto a la catedral; la Macarena allá a lo lejos; siguiendo el río se encuentra la Torre del Oro y otros muchos. Pero a los que más afecto les tengo son a mis amigos los puentes, como el de Triana o el del Alamillo, que es de mi generación.

Una cosa de la que sí me acuerdo es de cómo me crearon. Unieron todas mis piezas de acero en la orilla del Guadalquivir y me montaron en una gran barca para luego girarme hasta colocarme donde estoy hoy en día. Sé que fue un duro trabajo para mis creadores los ingenieros Juan José Arenas de Pablo y Marcos Jesús Pantaleón Prieto, pero he aquí el magnífico resultado, aunque esté mal que yo lo diga: Un bonito puente colgante con un gran arco de acero atirantado por el tablero de 214 metros de largo.

Fui fabricado especialmente para que las personas pudiesen acceder más fácilmente al recinto de la Expo 92: ese lugar al que durante seis meses acudieron miles de personas, con motivo del V Centenario del descubrimiento de América que se celebraba en España. Pero además, también soy conocido por enlazar el casco Histórico de Sevilla con el Parque Tecnológico.

Además puedo presumir de que fui premiado por la Convención Europea para la Construcción Metálica, convirtiéndome en uno de los símbolos de la identidad de Sevilla.

Durante todos estos años he visto pasar por encima de mi cientos de miles de personas de todas las nacionalidades, aunque las más abundantes y pesadas son esas grandes cajas de acero que se mueven a gran velocidad y las puedes encontrar de diversos tamaños, llamadas por las personas coches y camiones.

A lo largo de esta vida he aprendido que todo en este mundo, sea grande o pequeño, tiene siempre su utilidad. Y yo aquí, inmóvil, observando el río Guadalquivir, espero seguir haciendo mi trabajo durante muchos años más.

CLAUDIA ACOSTA HERNÁNDEZ


Pablo Picasso, desde su casa de Francia, seguía con gran inquietud todos los acontecimientos que se estaban produciendo en España y que desembocaron en la Guerra Civil española.
A partir de este momento, empezó a sentirse preocupado por el futuro de la familia que tenía en España.
En sus sueños siempre se repetían las mismas escenas. En ellas no aparecían colores, todo era en blanco y negro. Esto le producía mucho dolor y tristeza debido a que los rostros de las personas le recordaban a sus familiares y amigos.
En su pesadilla, una madre grita desconsoladamente mientras sostiene a su hijo muerto entre sus brazos. Después, aparece un hombre descuartizado y una mujer envuelta en llamas cayéndose de un edificio ardiendo. Los supervivientes,aterrorizados, dirigen su mirada al cielo pidiendo a Dios que les ayude.
Una noche que se sentía especialmente nervioso, se despertó sobresaltado y no pudo volver a conciliar el sueño. Decidió levantarse, coger su paleta y sus pinturas y plasmar en un lienzo todo lo que le estaba atormentando desde hacía mucho tiempo.

Durante dos largos meses estuvo levantándose todas las noches para pintar hasta que, por fin, consiguió expresar el dolor y el sufrimiento que puede producir una guerra.

LAURA ROMERO PIÑEIRO



Era una noche fría de 1956, un poeta llamado Juan R.J. iba andando solo por las tenebrosas calles, dirigiéndose a la Academia Sueca para recibir el premio Nobel de Literatura, que le iban a otorgar.
Al volver a su casa y dejar el premio;le e seguía un coche negro, dentro había unos hombres con traje negro y la cara tapada se pararon enfrente de su casa, una vez que el ya llegó.

En mitad de la noche entraron en su casa e intentaron llevarse el premio. Fueron muy descuidados e hicieron mucho ruido, así despertándolo y asustándolo.
Ellos le dijeron que no pasaba nada solo habían ido a por el nobel, él no quería, así que lo cogió e intentó escapar pero estaba rodeado. No querían hacerle ningún mal, por ello mismo le explicaron que no le habían dado un Nobel sino una bomba, que se activaba con un fuerte golpe. Él se asustó mucho y consintió en dárselo, pero con dos condiciones, que le dijeran de que iba todo y que lo llevaran con ellos; a regañadientes aceptaron.

Fueron a su coche, le taparon los ojos y después de un par de horas llegaron a su destino. Entraron en una casa un poco vieja dentro le destaparon los ojos, se sentaron en unas sillas de madera y le empezaron a explicar que no debía saber cual es el camino para llegar a esa casa.
También le dijeron que el Nobel tuvo un problema de construcción, las medallas fueron creadas con un material altamente peligroso, y que ellos habían sido encargados de recuperarla y descomponerlas. Al escuchar esto, se asustó tanto que se desmayó.

Cuando se despertó se encontraba en su cama con una nota que decía: “Nada de esto ha pasado”. Él, sorprendido miró por la ventana y vio un coche negro saliendo de su casa.

Fue una noche larga, estaba inquieto, quería ayudarlo, cogió su coche rápidamente e intentó seguirlos...

JOHAN ALVARADO REYES





Lo recuerdo como si  fuera ayer, aquel fatídico día, el 11 de agosto de 1936, unos días más tarde del levantamiento de las tropas franquistas. Nunca lo olvidaré. Estábamos en nuestra casa de Coria del Río. Era por la tarde las 19:00 o las 20:00, sin embargo por el calor parecía el mediodía de un día de mediados de verano.

Él estaba preparando el himno, bandera y escudo de la nueva comunidad autónoma, al fin el deseo de muchos andaluces iba a hacerse realidad. Yo como de costumbre trabajaba tranquila y contenta, estaba  cocinando la cena, pero con lo que había pasado un mes antes lo peor se veía venir.

De repente, escuché que llamaban a la puerta, en ese momento se pasaron muchas cosas por mi cabeza y cada uno de los pelos de mi cuerpo se pusieron de punta. Al no esperar visita y ser de noche, no fui a abrir la puerta rápidamente. Empezaron a golpear la puerta, yo asustada corrí a avisarle, pero tiraron la puerta abajo. Era demasiado tarde, no llegué a avisarle me golpearon y… me desplomé.

Me desperté con un fuerte dolor en la cabeza en una cama, lo único que recordaba era como se lo llevaron con los ojos vendados, las tropas falangistas.

Tenía mucho miedo y al leer el periódico lo vi… tres personas habían sido fusiladas…

DANIEL SUERO ABREU

martes, 2 de abril de 2013

Concurso Literario "Día de Andalucía". Relatos

Un monumento, un lugar emblemático, un andaluz célebre... os tenían que inspirar para escribir vuestros relatos. Enhorabuena a Lola Mulet Salas, que de la mano de Picasso se llevó el premio.

Retrato de Marie Thérèse, Pablo Picasso

TODAS ERAN TERESA

Pablo paseaba aquel día por la playa del Limonar en Málaga, por entonces tenía casi diez años. Lo que vio ese día fue una bonita barca con el nombre de Teresa grabado en ella. La barca le gustó y pensó que sería una buena idea dibujarla. Pensaba en eso cuando de repente aparecieron por allí el pescador, dueño de la barca y su hija. A Pablo le pareció tan guapa aquella niña, que se olvidó de la barca y creyó que sería mejor pintar a la niña. Teresa, como la barca, así supuso que se llamaba. Como en ese momento Pablo no tenía ni papel y lápiz para pintar, alisó la arena con su mano poco a poco hasta dejarla suave y plana, cogió un trozo de concha y empezó a dibujar a la niña. Aunque estaba orgulloso de su obra, esta no duró mucho puesto que una ola se la llevó. Aunque se borró de la arena nunca se le borró de su memoria.

La familia de Pablo tuvo que marcharse de Málaga, así que nunca más pudo volver a ver a Teresa. Fueron de ciudad en ciudad y Pablo estudió pintura en las mejores escuelas de Bellas Artes de cada una y llegó a ser el pintor famoso que todos conocemos.

Los años pasaban para Pablo pero también para Teresa que crecía en su cabeza imaginando como sería según su edad.

Durante su época de Barcelona y  de París tuvo muchas modelos que posaban para el, pero en su cabeza cada vez que pintaba a una de ellas le estaba Teresa, ya que nunca se le fue de la memoria. Así que, siempre que pintaba a una mujer pintaba a Teresa. Debido a su estilo abstracto o cubista, nadie lo notaba.

Un día estaba Pablo en una exposición suya en París y vio a una mujer muy guapa observando un cuadro, a el le pareció ver a Teresa. El se acercó a ella y le pregunto:

-¿De dónde eres?

- De Málaga- Respondió.
LOLA MULET SALAS 1º A, B



Me encontraba deshidratado, hambriento, cansado y tenía varias heridas y quemaduras en el cuerpo; estaba tumbado en la cubierta junto a mis compañeros luchando por sobrevivir. Pensé que era el fin y cerré los ojos para recordar qué era lo que me había llevado a esa situación.
Como un día cualquiera me encontraba en el puerto junto a mi padre limpiando pescado, cuando a lo lejos divisé un gran grupo de personas escuchando a un hombre subido a un barril; su nombre era Cristóbal Colón. Me acerqué a escuchar, como muchos chavales de mi edad, a ese tal Cristóbal Colón que alistaba tripulación para viajar a la India por una nueva ruta. Levanté la mano para alistarme, pensé que sería una gran oportunidad para cambiar de vida. Él nos dijo que partiríamos esa misma tarde. Estaba emocionado, nunca había salido de Palos de la Frontera, a mis quince años sería uno de los afortunados en conocer mundo.
A las ocho, en el puerto todos cargábamos provisiones en tres barcos a los que el capitán llamaba: “La Niña, La Pinta y La Santa María”. Yo iría en La Pinta. Zarpamos y todos comenzamos a remar con ilusión, mientras nuestras familias se despedían desde la costa.

Llevábamos tres semanas navegando cuando unas nubes negras se aproximaron a nosotros y comenzó a llover. Los barcos se tambaleaban, la madera crujía, el timón no paraba de girar, murieron seis hombres y perdimos muchas provisiones. A la mañana siguiente después del temporal descubrimos que habíamos extraviado el rumbo. Tras varios días sin saber adonde íbamos y sin nada que comer o beber, varios hombres planearon un motín contra el capitán, pero la tripulación se vio afectada por el escorbuto y la fiebre, casi todos se contagiaron. Incluso yo, me sentía muy débil y no tenía nada que llevarme a la boca.

Llevábamos más de ocho semanas navegando y más de veinte hombres murieron por la fiebre y la desnutrición. El capitán ordenó que todos los infectados se alejasen de los demás tripulantes; sin embargo, estábamos todos juntos tumbados en cubierta. Yo me encontraba deshidratado, hambriento, cansado y tenía varias heridas y quemaduras; luchando por sobrevivir, pensé que era el fin y cerré los ojos para recordar qué era lo que me había llevado a esta situación. Medio delirando y como en sueños escuché: “¡Tierra!”...
ANDREA RODRÍGUEZ PÉREZ 1º B

Rafael se despertó con los pies mojados, donde había dormido las dos últimas semanas, en aquella bodega tan húmeda. Empezó a recordar cómo se enteró de la noticia de la partida de tres barcos hacia la India. Como no tenía ninguna experiencia como marinero y debido su corta edad bastó una mirada para que entendiera que no le admitían entre la tripulación. Rafael vivía en la calle, no tenía familia, comía lo que encontraba. Aún recuerda esa noche en la que se coló en este barco como polizonte, sin pensárselo dos veces, en busca de una nueva vida. No dejó nada en esas tierras.

Rafael estuvo muy asustado y preocupado, ya que conseguía sobrevivir con lo poco que se llevaba a la boca, por lo que había días enteros que no comía. Su mayor preocupación era que le descubrieran y le abandonaran en medio del océano. Pero un día cambió si suerte, ese día en el que le descubriría el mismo Cristóbal Colón, que le encontró casi inconsciente con un aspecto de no haber comido en varios días, Colón los encontró por casualidad, al caérsele una brújula, que había ido a para a la bodega. Él se lo llevó a su camarote dudando qué hacer, ya que la ley del mar impone que si descubrían al muchacho lo tendrían que tirar al mar por polizonte, eso le preocupaba mucho. En su camarote le cuidó como a un hijo ya que veía en él un valiente joven, del que se hizo amigo rápidamente. Cristóbal veía reflejados sus años de juventud en aquel muchacho, en Rafael. Esa fue una de las cosas que provocó ese gran aprecio entre los dos, por lo que Colón decidió darle una oportunidad, diciéndole a todos que era su sobrino. A partir de ese día todo cambió para Rafael; él ayudaba en todo lo posible, le trataban como un hombre y no tenía que ir buscando restos para poder sobrevivir. Rafael se lo agradecía todos los días a Cristóbal Colón, al que se le veía muy alegre junto al muchacho. Hasta que ese gran día esperado por todos por fin llegó...

JOSÉ ANTONIO VELASCO 1º C, D

Javier G Ch


UN SOFOCANTE VIAJE

      Una tarde de agosto, Juan recibió una llamada de su prima María que vivía en Écija. Su prima le dijo que esa misma mañana había muerto su madre, la tía de Juan, y que el entierro sería al día siguiente por la mañana. Juan se despidió de su prima y se apresuró a hacer la maleta y a preparar todo lo necesario para coger el autobús que salía de Madrid al amanecer.
      Llegó a tiempo para asistir al entierro y cuando finalizó y se despidieron los familiares, era, todavía,  las cuatro de la tarde. Fue a dar un paseo y llegó hasta la calle donde había vivido de pequeño. Buscó su casa pero ya no existía como él la recordaba, en su lugar habían construido un bloque de pisos. Mientras caminaba, el único sonido que se escuchaba por la calle era el de sus pasos sobre la acera recalentada. No se oía ni el piar de los pájaros, ni el ruido de ningún coche que pasara a lo lejos. No había nadie a la vista y parecía que él era el único ser vivo en ese pueblo.
      El calor era horrible y las gotas  de sudor le bajaban por la espalda. Llegó hasta una iglesia que le resultaba conocida y se sorprendió al no ver ni siquiera una lagartija trepando por  sus paredes.
      Se estaba secando el sudor de la frente con un pañuelo cuando, de pronto, vio detrás de la iglesia un bar con unas mesas en la puerta. Juan se sentó fatigado en una de las sillas y el camarero lo miró sorprendido de tener un cliente, de que alguien anduviese por la calle a esa hora de la tarde.
- “Güena  tarde. ¿Qué va tomá?”
- Una cerveza, por favor, y que esté bien fría- contestó.
     Juan se la bebió de un trago y dejo el vaso en la mesa muy satisfecho. 
- “¿Quiere argo ma?” –dijo el camarero.
- Sí, gracias, otra cerveza.
- “Tu no ere daqui, ¿verdá?” –le pregunta el camarero mientras le pone otra cerveza helada.
- La verdad es que nací aquí pero mis padres se fueron a vivir a Madrid por motivos de trabajo cuando yo era un niño y ahora he tenido que venir al entierro de un familiar. -le contestó Juan.
- “¿Y como ladao por pazeá a estazora?”
- Bueno, como todavía tengo tiempo hasta  la hora de coger el autobús para Madrid, estaba dando un paseo porque quería  recordar  la infancia que pasé por aquí.
- “Po tie uste való,  porque a estaz'hora no hay quien s'atreva a salí a la calle con la caló que jaze.”
- Tiene usted toda la razón.  Son muchos los recuerdos que han venido hoy a mi mente, pero de lo que no me acordaba es de la “caló” que hace en Sevilla.
 LAURA ROMERO PIÑERO 1º A/B

CARTA A UN DESCONOCIDO

Me llamo Livia (“Livi” para mi único amigo) y aunque mi nombre es patricio no soy más que una mísera esclava. Tengo 15 años y siempre he vivido en Itálica, cuna de grandes emperadores. Ésta es mi historia, escrita en esta carta mientras consumo mis últimos segundos de aliento. La verdad es que aun siendo esclava tengo suerte, pues consideraron que era lo suficientemente inteligente como para enseñarme a leer y escribir.

Todo empezó aquí, en mi ciudad, en la casa de mi amo  Lucius Aquilinus y tras la muerte de mi madre. Fue el peor día de mi vida, el destino me arrebató todo cuanto tenía y quería. Mi padre, había fallecido a la edad de 18 años; no le conocí. Al día siguiente apareció el que sería mi primer y especial amigo. Él era el nuevo esclavo que Lucius había comprado; no estaba demasiado hablador en aquel momento.

Un día, tuvimos que preparar juntos la gran cena anual organizada por nuestro señor juntos. Él me dijo que se llamaba Claudio y yo me presenté también. Yo vi en sus ojos que podía confiar en él y supongo que él también en los míos, pues era lo que sentía. Desde entonces fuimos los mejores amigos y hablábamos cuando nadie nos vigilaba.

Claudio siempre me decía que odiaba al amo; yo siempre le daba la razón. Después de tantas críticas tomamos la decisión más importante de nuestras vidas: escapar. Para ello elaboramos un plan, que llevamos a cabo brillantemente y resultó exitoso. Echamos pociones adormecedoras en los vinos de los guardias y Lucius; al caer la noche salimos corriendo.

Acabamos en un pueblo de Onoba sin dinero, ni hogar ni trabajo, pero con mucho esfuerzo conseguimos montar una taberna. Cocinábamos tan bien que el negocio fue aumentando hasta conseguir la fama. Lo malo es que la fama lleva a ser reconocido y el señor Aquilinus nos encontró; decidió echarnos a los leones. Lo que nos transporta al momento actual, la muerte.

No tengo miedo, pues mi camarada me acompaña en la travesía hasta un lugar con todos mis seres queridos. Pero, aún me quedan muchas experiencias por vivir. Seré sincera: -¡Tengo muchísimo miedo!

…

La ciudad se está manifestando porque quiere nuestra libertad. Adoran la taberna y no imaginan ya la vida sin ella. ¿Quién diría al principio de esta carta que la compasión de nuestro amo nos salvaría la vida que veíamos devorada por leones? Voy a dejar la carta aquí por si a la siguiente persona que ocupe esta celda le sirve de esperanza.

Livia

 ANA CASADO SÁNCHEZ 1º A, B


LA VIDA DE LAYA


En el año 83 d.C nació una niña, Laya , que prefirió el amor de una familia modesta a lariqueza que le pudiera dar una persona que apenas conocía.

Laya vivía en Itálica, una ciudad a la orilla del río Betis. En la que convivía felizmente con su padre Marcos, su madre Marcia y su hermano Adriano. Un día estaba jugando con su hermano en la plaza, cuando vinieron dos mensajeros procedentes de Roma, con una carta del emperador Trajano en la que reclamaba a Laya, ya que aseguraba ser su padre natural. Toda la gente estaba muy contenta ya que Laya se iba a vivir a Roma con el emperador. Pero Laya no pensaba igual .

La noticia le sorprendió y se sentía confundida. Como hacía cada vez que se sentía así, fue a la orilla del río Betis a pensar y decidir que debía hacer. Recordó que su abuelo le decía que no era como las demás, porque todos los niños llegaban en una cigüeña y ella había llegado en una balsa. Entonces no entendía lo que su abuelo le decía, pero ahora todo encajaba. Y aunque las personas que la habían criado no fueran sus padres, a ella eso le daba igual, porque siempre la habían tratado como si lo fueran. Por ello decidió quedarse con las personas que le habían dado el amor y el cariño de unos padre, rechazando las riquezas que le podía llegar a dar una persona que no conocía.

MARÍA REY DOMENECH 1º A, B

La historia de Claudia
Me llamo Claudia y nací en Hispalis en la época del emperador Adriano. Con 16 años un noble romano me tomó como esclava y me llevó a la ciudad de Itálica. Estaba aterrada, había escuchado cientos de historias de cómo los romanos trataban a los esclavos de Hispania.

Al llegar me asombró la ciudad. Conocí después que el emperador había nacido allí y había impulsado su ampliación, lo que se llamaba “nova urbs”, la parte nueva. Eran calles anchas pavimentadas con grandes losas y tenían desagües. Había muchas fuentes, estatuas, grandes aceras cubiertas donde protegerse del sol. Había un templo, unas termas, y más allá de la muralla se apreciaba un enorme anfiteatro.
La ciudad era enorme y con una gran actividad. El tráfico de caballos, carros y personas era intenso. Identifiqué tiendas de pan, de zapatos, de libros, de cerámicas, de joyas. Circulaban soldados, esclavos, campesinos, hombres de negocios.

Mi señor, que procedía de una familia de patricios de Roma, me llevó a su casa. En ella vi preciosos mosaicos con dibujos de pájaros, que daban nombre a la casa. En el centro del edificio había un patio interior con jardines. En la parte exterior había una estancia con un horno donde aprendí a hacer pan.
Poco a poco fui perdiendo el temor. Mi señor era una persona culta a quien gustaba leer. Me enseñó latín. Frecuentemente le acompañaba a las Termas, unos baños públicos donde había salas de agua caliente, de agua templada y de agua fría, y una sala de masajes. En ellas se reunían los nobles de la ciudad. Yo me quedaba a la espera de lo que pudiera necesitar.
Visité también el anfiteatro, aunque como esclava no podía asistir a los espectáculos, se escuchaba el griterio de la plaza vitoreando a los gladiadores. También estaba el circo y las carreras de cuádrigas.

Pasó el tiempo, mi señor se casó y tuvo 3 hijos. Conocí otras esclavas y pude tener una vida digna en aquella ciudad al cuidado de esta familia. Yo también conocí a un muchacho que era pescador, y después de algunos años mi señor me concedió la libertad.
Ahora vivo en un pueblo de la costa y recuerdo con cariño mi estancia en la ciudad de Itálica.

MARÍA TORNERO URBANO 1º A, B