miércoles, 15 de enero de 2014

Maldita maleta. Narraciones V

Aquí en este inmundo agujero, apartado de la sociedad, sin poder hablar con mi familia, recuerdo que todo empezó con aquella carta del banco:


Señor Admin Afdoufa:

Queda desahuciado del domicilio de la calle Bárbara, bloque nº 42, 3ºA. Si usted no abandona voluntariamente el inmueble en las próximas 72 horas, será necesario tomar medidas legales contra usted.

Atentamente, el Banco de España”



Aquella situación, me obligó a hacer una locura de la que me arrepiento y me arrepentiré toda mi vida. Hablé con un antiguo compañero de casa que tuve en Marruecos, Yuse Benedetti, un hombre robusto, bien vestido, ambicioso y muy acomodado en el mundo de los negocios, aunque nadie con certeza podía decir a lo que se dedicaba. Le expliqué las circunstancias tan difíciles en las que me encontraba y le pregunté si esto tenía alguna solución. Él me miró seriamente y me dijo:

- Tengo algo para ti.

Puso una maleta negra sobre la mesa y me indicó:

- Cógela, dentro del bolsillo exterior encontrarás un billete de avión hasta Colombia, mandaré a alguien que te recoja, lo único que debes hacer es intercambiar la maleta y volver. Cuando llegues obtendrás tu recompensa.

Me advirtió de que no la abriese, y eso hice. Fui a mi casa, me despedí, cogí lo imprescindible y emprendí mi viaje hasta el aeropuerto. Allí pasé los escáneres y chequeos con normalidad y tras doce horas de vuelo, pisé por fin Colombia.

Volví a pasar los controles de seguridad y me encaminé a la salida para encontrarme con aquel hombre que, supuestamente, me esperaba. Tras varias ojeadas, lo reconocí al lado de una columna metálica. Tenía un físico imponente... se notaba que había pertenecido en el pasado a un cuerpo militar por sus brazos como troncos de árboles, tatuajes con el símbolo ejército colombiano, rastas castañas, barba corta del mismo color que su pelo, gafas que solo permitían ver el reflejo y un tono de piel moreno caribeño. Vestía pantalones anchos con tapices de camuflaje sujetados por un cinturón de cuero negro, botas militares por las que se entreveía la empuñadura de una arma blanca y una camiseta negra ajustada. Tenía una expresión sería e insensible que daba miedo, aun así decidí avanzar hasta él, mientras notaba a mis espaldas las miradas punzantes de la gente que me rodeaba.

Mientras caminaba me estaba empezando a dar cuenta de lo extraña que era aquella situación y me preguntaba qué objeto tan importante contendría aquella maleta como para que no pudiese abrirla, también me preguntaba quién era aquel tipo salido de una película de acción y por qué debía yo entregarle la maleta, aquellas dudas me hicieron parar a medio camino para dar media vuelta, pero volví a pensar en mi familia, así que avancé hasta el hombre, me miró seriamente y me dijo “Dame la maleta con cuidado, no hagas gestos bruscos, coge esta maleta y vuelve sin mirar atrás”, y eso hice, pero antes de que me diese cuenta había más de un centenar de oficiales de policía del aeropuerto vestidos de paisano apuntándome con un revólver y miles de personas gritando y corriendo por todas partes, miré hacía la columna pero aquel extraño hombre había desaparecido, lo único que podía hacer era soltar la maleta y poner las manos en la nuca.

Uno de los policías trajo un gran perro que comenzó a olfatearme a mí y después a mi maleta, al terminar soltó un estruendoso ladrido y se sentó, aquel mismo oficial la abrió y la inspeccionó, sin embargo, sorprendentemente en su interior no había nada. Al instante con gran asombro vi a uno de los policías que me apuntaba sacar una navaja de debajo del cinturón y rajar la tela... ¡Aquella maleta poseía un doble fondo y contenía más de treinta kilos de heroína!

Comprendí que estaba perdido, Yuse Benedetti era un traficante y me la había jugado.

Los momentos que pasaron hasta que me trasladaron a la prisión más cercana, los recuerdo con poca nitidez ya que tenía mucho miedo y me encontraba en estado de shock, no podía creer que mi libertad acabase justo cuando entrase en las puertas de aquel inhóspito zulo.

Los años años han trascurrido muy lentos, a veces sin sitio donde dormir, ni comida, ni medicinas ni las condiciones mínimas de higiene, con miedo, frío y soledad...
Aquí en este inmundo agujero, apartado de la sociedad, sin poder hablar con mi familia, recuerdo como empezó todo y una pequeña luz de esperanza invade mi corazón al pensar que ya solo queda un año para volver a ver a mi familia.

ANA GONZÁLEZ, CARMEN HERNÁNDEZ, MIGUEL MAHÓN, FRAN MUÑOZ, ANDREA RODRÍGUEZ  


3 comentarios:

  1. solo pone que está hecho por fran y andrea


    carmen hernandez

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  2. ¡Perdonadme! Me despité porque me lo mandaron desde sus correos. Ya está corregido.

    ANA

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  3. me ha gustado mucho el cuento , me parece que está muy bien elaborado y es muy imaginativo
    María Rey Domenech 2ºC

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