martes, 18 de marzo de 2014

Concurso literario Día de Andalucía. Relatos

De nuevo, lugares emblemáticos y personajes andaluces os han inspirados. Enhorabuena a nuestras ganadoras, Ana Casado y María Tornero

Puerta de Monaíta, Rocío Fernández Izquierdo
En la corte nazarí de Granada, en los tiempos del Sultán Muhammad V, visitaba la ciudad un médico que tenía el encargo de tratar los problemas de asma del monarca.

Mahdi, que así se llamaba el médico, se encontraba en la estancia que el rey le había asignado en el palacio de Comares dentro del recinto de la Alhambra, preparando el jarabe necesario, cuando se dio cuenta que no tenía suficiente cantidad del componente principal, el romero.

Salió hacia el Albaizín por la Puerta de las Armas, atravesó el río Darro, y preguntó a una mujer donde podía comprarlo. Ella le dirigió a la casa de Aaminah (que significa “Dama de paz y armonía”) quien comerciaba con plantas medicinales. Cuando llegó allí se encontró con una chica morena de grandes ojos y sonrisa cálida. Mahdi se quedó prendado de ella. Le preguntó cómo se llamaba: Maryam era su nombre.

De vuelta al palacio preparó la medicina para el rey y le indicó el tratamiento. Pero avanzó el día, y mientras caminaba por el Patio de los Arrayanes no dejaba de pensar en aquella muchacha. A la mañana siguiente volvió a la tienda pero ella no estaba. La dependienta, su madre, le propuso que la visitara nuevamente por la tarde porque posiblemente su hija estaría allí.

Y así lo hizo. Se encontró nuevamente con la joven y conversaron. Al día siguiente repitió la visita y también en los posteriores. Pasearon juntos por las estrechas y empinadas calles del Albaicín, junto a las tiendas de artesanos y casas de nobles. Recorrió la muralla Zirí hasta la puerta de Monaita y bajó a la carrera del Darro para visitar los baños árabes del Bañuelo.

En uno de esos días Maryam guio a Mahdi hasta la vivienda de un familiar en la zona alta del barrio, una casa abierta con jardines interiores pero muros altos que la reservaban del exterior, desde donde disfrutaron, con mayor intimidad, de espléndidas vistas de la Alhambra y de buenos ratos de compañía.

El tiempo pasaba casi sin darse cuenta hasta que un día el sultán lo mando llamar. Acababa de completar la construcción del Palacio de Los Leones pero estaba muy preocupado porque su hijo Yuzuf había caído herido en la conquista de Algeciras a los cristianos. Estaba grave y posiblemente no aguantara el viaje, así que le pidió acudiera a socorrerle. El médico obedeció pero pidió poder despedirse de la muchacha.

Y así lo hizo. Fue una despedida corta, pero él le prometió volver. Desgraciadamente no fue así. Fue preso por los castellanos del rey Enrique II quién lo incorporó como médico en su corte. Mahdi nunca olvidó a su bella Maryam.

MARÍA TORNERO URBANO

Atardecer desde la caravela Santa María, Jorge Carabia
11 de octubre de 1492

Hemos pasado semanas, meses para ser más exactos, en una larga travesía con el fin de llegar a La India. Puedo observar en los rostros de mis compañeros, la desesperación. Me da la impresión de que están desesperanzados porque después de tanto tiempo en el mar no hemos conseguido nuestro objetivo y nos estamos quedando sin suministros. No tenemos ni siquiera cebos para las cañas de pescar y las redes están descosidas, por no hablar del problema con el agua.

Lo peor de todo no es el hecho de que nos muramos de hambre y sed, sino es la actitud de nuestro capitán Martín Alonso, Dios no quiera que no lea mi diario de abordo. El capitán se pasa las horas en su camarote “jugando” con un compás y un mapamundi de grotescas dimensiones.

Veo que alguien tiene que actuar, que alguien tiene que tratar de buscar una solución y que si nadie cae en la cuenta de ello, voy a tener que ser yo. La verdad es que es lo menos que puedo hacer por estos pobres marineros sin rumbo, porque durante un tiempo he sentido que son mi salvación. Me han dado la posibilidad de tener un futuro brillante y una vida nueva. Eso es lo que pienso de ellos porque mi vida no ha sido del todo “fácil” antes de conocerlos.

Yo vivía con mi padre, un morisco, al que quería con locura. Sin embargo, su cultura era su cultura y a veces no podía evitar rendirle culto a Alá, cosa que siempre le dije que no hiciera pero no me escuchó. Así que cuando yo no tenía más que 11 años, fue condenado por la Inquisición a morir en la hoguera. Tras mi desgracia…mi vida sí que ha sido una desgracia. Viví con otra familia que me usaba de criado y, cuando alcancé una edad, me escapé y me entregué al mundo.

Cuando intenté alistarme para este  viaje, di por imposible la posibilidad de que me aceptaran cuando me dijeron que era un joven fuerte, entusiasta y con unas cualidades para afrontar las adversidades, y que por tanto era perfecto para formar parte de la tripulación. Entusiasmado emprendí el viaje, intimé con mis compañeros y...bueno, ¡Aquí me encuentro!

Así pues esta larga travesía me da una familia, me hace volver a amar a la vida y despierta algo en mí que nunca estuvo ahí. Voy a hablar con toda la tripulación, voy a darles esperanzas, y aunque nuestras vidas estén en manos del destino, voy a devolverles el favor que ellos me hicieron a mí.

A medianoche, cuando nos vamos a acostar, les digo que me escuchen, que me presten algo de tiempo de sus vidas y no sé ni cómo pero acceden a oírme. No tengo nada preparado así que pronuncio unas pobres palabras, que no componen un discurso inspirador, pero pienso que es justo lo que las hace fuertes. Las simples palabras de un compañero tan perdido como los demás. Termino de hablar y me parece que todos están de acuerdo con la idea principal que quería transmitir, la paciencia.

Tras este emotivo momento me asomo a la ventana de nuestro camarote porque escucho llover, y en la oscuridad puedo ver a unos pocos metros el continente. A pesar de la hora que es no puedo evitar gritar a pleno pulmón: “¡Tierra a la vista!”

ANA CASADO SÁNCHEZ



Yo, yo y solamente yo estuve aquel día en esa fosa de Alcafar. Nunca nadie me creyó pensaba que estaba loco , que me lo había inventado , que tenía problemas mentales y  que todo era fruto de mi imaginación. Pero yo sé que no, yo sé lo que vi, que realmente sucedió y que no me lo había inventado.

Estoy en el final de mis días y por ello escribo aquí la historia que me ha quitado el sueño toda mi vida , con la esperanza de que alguien la lea y me crea.

Tenía 23 años cuando estaba perdido en mitad de la nada , exhausto de tanto caminar y de repente me pareció ver copas de árboles , podrían ser producto de mi imaginación debido al cansancio, pero podrían no serlo . Me acerqué cautelosamente a la fosa ya que parecía tener dueño , las hojas estaban perfectamente verdes y los árboles desnudos recientemente recolectados . Andaba cuidadosamente cuando un ruido ensordecedor hizo que me sobresaltara , un disparo . Me escondí tras el arbusto y observé la situación. Habían hombres armados y encañonando a un hombre que yacía en el suelo . Era un fusilamiento. Junto a él, otros dos permanecían de pie. Pude reconocer a Federico . Llegados a este punto el terror me impedía moverme por lo que seguí mirando. Cuando llegó su turno cargaron las escopetas , le ofrecieron una venda a Federico, para no ver su muerte. Según el protocolo dos de los hombres debían vigilar los alrededores en busca de héroes que intentaran salvarle. Aprovechando la situación, Federico forcejeó con el hombre pero el arma se disparó . Acto seguido salió huyendo antes de que los otros hombre regresaran. Cuando sus compañeros regresaron se encontraron al hombre muerto en el suelo y sin ninguna pista del paradero de Federico. Cayeron presos del pánico, este error podría costarles muchos, tanto como para ocupar la posición de Federico. Pusieron el cadáver en la fosa y le hicieron pasar por Federico.

Unos meses más tarde llegaron historias a mis oídos sobre la muerte de Federico, todas falsas. Fui corriendo a la guardia civil pero como cabía de esperar no me creyeron, ni ellos, ni nadie a quien le he contado esta historia. Por ello escribo este relato, esperando que alguien se apiade del alma de un pobre anciano y cumpla su deseo de hacer salir a la luz la verdad. 

MARÍA REY DOMENECH



Nací en una hermosa ciudad llamada Sevilla, a orillas del río Guadalquivir. Me parece que en 1989, pero ya no lo logro recordar bien las fechas; algo muy normal entre los puentes, y eso que yo soy de los más jóvenes.

El Guadalquivir es un río muy importante, con el que convivo a diario. Veo pasar barcos y piraguas por él cada día.

Siempre he estado rodeado de muchos monumentos históricos, a los que vienen a visitar muchos turistas. Allí a lo lejos está la Giralda, junto a la catedral; la Macarena allá a lo lejos; siguiendo el río se encuentra la Torre del Oro y otros muchos. Pero a los que más afecto les tengo son a mis amigos los puentes, como el de Triana o el del Alamillo, que es de mi generación.

Una cosa de la que sí me acuerdo es de cómo me crearon. Unieron todas mis piezas de acero en la orilla del Guadalquivir y me montaron en una gran barca para luego girarme hasta colocarme donde estoy hoy en día. Sé que fue un duro trabajo para mis creadores los ingenieros Juan José Arenas de Pablo y Marcos Jesús Pantaleón Prieto, pero he aquí el magnífico resultado, aunque esté mal que yo lo diga: Un bonito puente colgante con un gran arco de acero atirantado por el tablero de 214 metros de largo.

Fui fabricado especialmente para que las personas pudiesen acceder más fácilmente al recinto de la Expo 92: ese lugar al que durante seis meses acudieron miles de personas, con motivo del V Centenario del descubrimiento de América que se celebraba en España. Pero además, también soy conocido por enlazar el casco Histórico de Sevilla con el Parque Tecnológico.

Además puedo presumir de que fui premiado por la Convención Europea para la Construcción Metálica, convirtiéndome en uno de los símbolos de la identidad de Sevilla.

Durante todos estos años he visto pasar por encima de mi cientos de miles de personas de todas las nacionalidades, aunque las más abundantes y pesadas son esas grandes cajas de acero que se mueven a gran velocidad y las puedes encontrar de diversos tamaños, llamadas por las personas coches y camiones.

A lo largo de esta vida he aprendido que todo en este mundo, sea grande o pequeño, tiene siempre su utilidad. Y yo aquí, inmóvil, observando el río Guadalquivir, espero seguir haciendo mi trabajo durante muchos años más.

CLAUDIA ACOSTA HERNÁNDEZ


Pablo Picasso, desde su casa de Francia, seguía con gran inquietud todos los acontecimientos que se estaban produciendo en España y que desembocaron en la Guerra Civil española.
A partir de este momento, empezó a sentirse preocupado por el futuro de la familia que tenía en España.
En sus sueños siempre se repetían las mismas escenas. En ellas no aparecían colores, todo era en blanco y negro. Esto le producía mucho dolor y tristeza debido a que los rostros de las personas le recordaban a sus familiares y amigos.
En su pesadilla, una madre grita desconsoladamente mientras sostiene a su hijo muerto entre sus brazos. Después, aparece un hombre descuartizado y una mujer envuelta en llamas cayéndose de un edificio ardiendo. Los supervivientes,aterrorizados, dirigen su mirada al cielo pidiendo a Dios que les ayude.
Una noche que se sentía especialmente nervioso, se despertó sobresaltado y no pudo volver a conciliar el sueño. Decidió levantarse, coger su paleta y sus pinturas y plasmar en un lienzo todo lo que le estaba atormentando desde hacía mucho tiempo.

Durante dos largos meses estuvo levantándose todas las noches para pintar hasta que, por fin, consiguió expresar el dolor y el sufrimiento que puede producir una guerra.

LAURA ROMERO PIÑEIRO



Era una noche fría de 1956, un poeta llamado Juan R.J. iba andando solo por las tenebrosas calles, dirigiéndose a la Academia Sueca para recibir el premio Nobel de Literatura, que le iban a otorgar.
Al volver a su casa y dejar el premio;le e seguía un coche negro, dentro había unos hombres con traje negro y la cara tapada se pararon enfrente de su casa, una vez que el ya llegó.

En mitad de la noche entraron en su casa e intentaron llevarse el premio. Fueron muy descuidados e hicieron mucho ruido, así despertándolo y asustándolo.
Ellos le dijeron que no pasaba nada solo habían ido a por el nobel, él no quería, así que lo cogió e intentó escapar pero estaba rodeado. No querían hacerle ningún mal, por ello mismo le explicaron que no le habían dado un Nobel sino una bomba, que se activaba con un fuerte golpe. Él se asustó mucho y consintió en dárselo, pero con dos condiciones, que le dijeran de que iba todo y que lo llevaran con ellos; a regañadientes aceptaron.

Fueron a su coche, le taparon los ojos y después de un par de horas llegaron a su destino. Entraron en una casa un poco vieja dentro le destaparon los ojos, se sentaron en unas sillas de madera y le empezaron a explicar que no debía saber cual es el camino para llegar a esa casa.
También le dijeron que el Nobel tuvo un problema de construcción, las medallas fueron creadas con un material altamente peligroso, y que ellos habían sido encargados de recuperarla y descomponerlas. Al escuchar esto, se asustó tanto que se desmayó.

Cuando se despertó se encontraba en su cama con una nota que decía: “Nada de esto ha pasado”. Él, sorprendido miró por la ventana y vio un coche negro saliendo de su casa.

Fue una noche larga, estaba inquieto, quería ayudarlo, cogió su coche rápidamente e intentó seguirlos...

JOHAN ALVARADO REYES





Lo recuerdo como si  fuera ayer, aquel fatídico día, el 11 de agosto de 1936, unos días más tarde del levantamiento de las tropas franquistas. Nunca lo olvidaré. Estábamos en nuestra casa de Coria del Río. Era por la tarde las 19:00 o las 20:00, sin embargo por el calor parecía el mediodía de un día de mediados de verano.

Él estaba preparando el himno, bandera y escudo de la nueva comunidad autónoma, al fin el deseo de muchos andaluces iba a hacerse realidad. Yo como de costumbre trabajaba tranquila y contenta, estaba  cocinando la cena, pero con lo que había pasado un mes antes lo peor se veía venir.

De repente, escuché que llamaban a la puerta, en ese momento se pasaron muchas cosas por mi cabeza y cada uno de los pelos de mi cuerpo se pusieron de punta. Al no esperar visita y ser de noche, no fui a abrir la puerta rápidamente. Empezaron a golpear la puerta, yo asustada corrí a avisarle, pero tiraron la puerta abajo. Era demasiado tarde, no llegué a avisarle me golpearon y… me desplomé.

Me desperté con un fuerte dolor en la cabeza en una cama, lo único que recordaba era como se lo llevaron con los ojos vendados, las tropas falangistas.

Tenía mucho miedo y al leer el periódico lo vi… tres personas habían sido fusiladas…

DANIEL SUERO ABREU

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